Estrategias de transición al Cloud Computing

Más allá́ de las buenas intenciones y del interés que manifiestan los protagonistas del mercado por el cloud computing, las empresas deberían plantearse una serie de cuestiones previas antes de subirse a la nube. Es fundamental que las empresas definan al detalle la estrategia de transición y elaboren un plan de negocio sólido y creíble antes de llevar a cabo ningún movimiento.

En realidad, parece que la decisión no debería estar entre subirse o no a la nube, sino en que subir a la nube. En primer lugar se deberían identificar las actividades críticas para el negocio y valorar el rol de los sistemas de información en estas actividades. Sin duda, la transición a la nube de estas aplicaciones clave requerirá de un análisis detallado que justifique el cambio a un entorno en vías de maduración.

La figura 1 muestra un marco de actuación que cubre desde la identificación de aplicaciones susceptibles de ser migradas hasta la implantación de los servicios de cloud computing.

Para el resto de aplicaciones, el cloud computing se presenta como una opción más factible y previsiblemente serán estas las que copen las nubes en el corto plazo. Lo cierto es que la nube puede ofrecer soluciones integrales a funciones de negocio básicas para las empresas, como las ventas.

Alternativas en el mundo de las nubes

Las primeras cuestiones planteadas por las empresas a la hora de subirse a la nube son las relativas a la seguridad y la privacidad. Precisamente del distinto tratamiento de estos aspectos derivan las principales clasificaciones de las nubes: nubes internas o externas y nubes privadas o publicas.

  • Una nube interna está situada en el centro de procesamiento de datos de la empresa y forma parte de los activos capitalizados por esta, mientras que una nube externa está alojada fuera del entorno de la empresa y forma parte de los activos del proveedor de servicio. Para la empresa, los cargos imputados por el proveedor se clasifican como gastos.
  • Una nube privada es de uso exclusivo para una organización, frente a la nube publica que es compartida por muchas empresas que ni siquiera son conscientes de la existencia de las demás.

A la hora de migrar, las empresas harán uso de nubes que combinan estas dos clasificaciones. Por ejemplo, una compañía puede migrar su capacidad computacional a una nube privada externa, es decir, que pertenece a un proveedor de cloud, pero que no se comparte con ninguna otra organización.

Estas dos clasificaciones son útiles a la hora de identificar las ventajas e inconvenientes que presenta cada tipo de nube para las empresas. La distinción entre nube publica y privada se centra en las características de elasticidad y aislamiento. La nube privada permite fijar unos limites claros en los servidores utilizados, puesto que no es compartida con ninguna otra empresa y, por tanto, asegura una mayor privacidad de la información almacenada.

La nube publica es más elástica, ya que centraliza la computación de múltiples empresas y los proveedores pueden equilibrar los picos de consumo de todas ellas. Esto se traduce en una mayor utilización de los servidores por parte de los proveedores y, por tanto, en tarifas más baratas para las empresas consumidoras. La nube publica es más flexible, puesto que no tiene las mismas restricciones que las privadas.

En una nube privada, una vez superada la capacidad contratada es necesario contratar un servidor adicional y, del mismo modo, la capacidad solo se puede reducir cuando los recursos de uno o varios servidores no son necesarios. Esto supone que los recursos computacionales aumentan o disminuyen de forma escalonada. En una nube publica los recursos equivalen a un pool de capacidad computacional del que las empresas utilizan los recursos que necesitan, sin que exista distinción entre servidores gracias al sistema de virtualización. De esta forma, la nube publica permite ajustar al máximo la oferta y la demanda de recursos y, dadas las menores restricciones, el ajuste se puede realizar de manera instantánea.

Tanto las nubes privadas como las públicas, impulsan la flexibilidad, la eficacia operativa y la reducción de costos, al tiempo que permiten a las empresas satisfacer distintas exigencias empresariales.

Al mismo tiempo, las características que diferencian a una nube interna de una externa son fundamentalmente tres:

  1. Naturaleza de los costos.
  2. Control sobre la información.
  3. Localización de los datos.

Como ya se ha mencionado, las nubes externas de los proveedores permiten transformar las inversiones en tecnologías de la información (TI) en costos variables, mientras que las nubes internas requieren mayores inversiones de capital. Sin embargo, estas ultimas permiten tener un mayor control sobre los datos, ya que la información se almacena en servidores de la empresa. Por el contrario, al almacenar los datos en una nube externa se cede el control de la información al proveedor de los servicios.

Por último, las nubes externas suelen caracterizarse por una mayor deslocalización de los datos, puesto que un proveedor de cloud normalmente dispone de más servidores que la empresa y estos servidores pueden estar dispersos geográficamente. La deslocalización de la información se puede limitar, hasta cierto punto, mediante acuerdos de nivel de servicio (Service Level Agreement-SLA), pero si el negocio requiere asegurar la localización de la información en emplazamientos o geografías determinadas, como puede ser el caso de la información de clientes de las entidades bancarias o la información de los ciudadanos para un Gobierno, puede resultar más adecuado acudir a la opción de la nube interna.

Fuentes: Fundación de la innovación Bankinter, Cloud Computing. La tercera ola de las TI.

Adaptado por la División Consultoría de EvaluandoSoftware.com

 

¿qué software es apto para su empresa?

Acceda a nuestros evaluadores

Deja un comentario